jueves, 16 de septiembre de 2010

De como la naturaleza SIEMPRE se opone…

Para muchas personas que la naturaleza se oponga significa “lluvia inesperada”, “inundación de la autopista” o “ocasional regalito de un pajarito”… en mi caso, el “ocasional regalito” proviene de pelícanos o iguanas (si, iguanas). Muchísimas veces la naturaleza le ha dado un giro inimaginable a mi vida, pero cirtos casos dividen mi experiencia en un “antes” y un “después”:

CASO #1 - EL COCO: estaba yo caminando por los bosques del Club Pto. Azul, distraída como siempre. De pronto escuché unos ruidos extraños y noté un movimiento sospechoso en uno de los árboles. Al voltear la mirada pude ver 3 zamuros, cochinos y malolientes, peleando en una de ramas de un árbol, saltando y pavoneándose de árbol en árbol, de árbol en palmera, de palmera en palmera, de palmera en… tierra. A buen golpe que se metieron los 3. Estaba tan concentrada en la lucha de los carroñeros que nunca NUNCA imaginé que de una de las palmeras sarandeadas iba a caer un coco bebé… no un coco el animal, un coco como la fruta dura que nunca que quieres que te golpeé. Lo más bonito de todo es que comencé a caminar y la gravedad se hizo cargo de que el coco aterrizará justamente en mi cabeza. Con la misma caí al piso, sólo para darme cuenta de que el coquito estaba intacto… pero obviamente mi cabeza no! Se estarán preguntando cómo sobrevivi a tal experiencia. Todavía no lo sé, se podría decir que soy una “cabeza dura”.

CASO #2 - EL RASPADERO: No mucho tiempo después de mi experiencia con el coco regresé a Pto Azul para el Festival de Gaitas del 2006. Como un evento natural predecible, cayó un palo de agua que espantó a todos más uno que sólo podían pensar en una nueva tragedia de Vargas. La gente corría (no se para qué si más adelante sigue lloviendo y… ya estas en traje de baño, ni que fueras de azúcar) y como buen hombre masa me dejé llevar por el caos y corrí. En el estres de esquivar gente, agarrar las cosas, ver hacia donde vas y más importante, ver por donde caminas… cosa que yo no hice. En el medio de la carrera mi chola (no tiene otro nombre, déjense de bromas, sandalia es sandalia y chola es chola!) se atascó en un hueco en la arena. Mientras trataba de sacarla la gente corría a mi al rededor, lo que nunca jamás me imaginé es que con ellos vendría un carrito de raspados. Gracias a mi diminuto gran tamaño el raspadeor no me vio y… dejemóslo en que tengo una cicatriz sutil en la espalda gracias a nuestro amigo. Mínimo podía regalarme un raspado, pero nooooo el siguió corriendo y yo quedé con una historia chimba digna de reseñar, cambió por completo el significado que tenía para mi la expresión “te va a atropeyar un heladero”

CASO #3 - EL ÁVILA: tenía mucho tiempo que no subía a sabas nieves, no soy de esas personas deportistas que aman correr, de hecho, creo que se lo dejé bien claro a la profesora de 5to año del Colegio cuando “dejé mi desayuno” en sus zapatos por obligarme a trotar 45 min! A pesar de todo esto decidí subir el Ávila con dos amigas… mala idea. Al llegar a Sabas Nieves sentía que me iba a morir. Dios me llamaba, pero yo tenía la línea ocupada. A mi desesperación, la única solución fue, cual borracho, echarme encima 2lts de agua y dormir 15min. Milagrosamente desperté fresca como una lechuga, con exceso de energía para bajar el cerro. En plena bajada corrí, brincaba cual Heidi en la pradera y cantaba Caramelos de Cianuro (incoherente en la vida) con lo que no contaba era con la astucia de los viejos Avileros. Un señor zigzagueaba en medio de mi camino, pero como yo cantaba y brincaba ni noté su presencia. En uno de mis brincos, una pequeña piedra rodó en la suela de mi zapato y como ella rodé yo… y rodé, y rodé… Personifiqué el verso “unaa pieedra en mi camino, me enseñó que mi destino, era rodar y rodar” Lo que yo no sabía es que nuestro viejo Avilero iba a rodar conmigo también. A penas la montaña me dejó levantarme, sacudí la tierra de mis pantalones, volteé a ver el señor que inmediatamente se levantó y siguió zigzagueando… perfecta oportunidad para mantener mi caída casual.

Como estos eventos hay muchos más. Aparentemente no sólo atraigo cocos, también Mangos y regalitos de Pelícanos… todo esto nos deja una moraleja: “Tu dignidad y orgullo vale más que unas cholas, unos zamuros y por supuesto, más que una canción de Caramelos de Cianuro”

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